Salvar la distancia entre ella y el mundo. Liberarse de la condena de un mundo previamente interpretado. Habitarlo a su manera. Inventar una nueva realidad. Jugar con su propio ser para transformar su entorno. Jugar con su entorno para transformar su propio ser. Abrirse como grieta para expresarse. Vulnerar el espacio cotidiano. Transgredir otros espacios subjetivos. Todas estas experiencias vitales son las que llevan a la artista Karina Kano a realizar obras que rompan radicalmente la dicotomía sujeto-objeto.
El objetivo de este proyecto curatorial es mostrar de qué modo es posible una reinterpretación del mundo en que vivimos y cómo ello conlleva una puesta en juego del hombre que somos. La premisa de la nueva interpretación que la artista nos muestra es un doble movimiento de dentro hacia fuera y viceversa, porque no vivimos en el mundo de manera solipsista, sino que lo habitamos.
Sus obras consisten en instalaciones, intervenciones en espacios públicos, fotografías y videos con gran carga subjetiva; es decir, ella misma es los objetos en los que habita, y éstos, a su vez, se transforman y adquieren una nueva realidad a través de su mirada. Más aún, insiste en la fragilidad y vulnerabilidad de su espacio, pues al violentarlo se está transgrediendo su propio ser.
La transgresión de lo ordinario consiste, entonces, en 4 obras que la artista ha realizado teniendo como motivación un cambio radical en la manera de percibir y vivir el mundo, ya sea simplemente adentrándose en otras subjetividades, denunciando, o transformando visiblemente experiencias que de manera inmediata sólo soportamos, o ignoramos, u olvidamos por cotidianas. Ese dar por hecho tan arraigado es lo que imposibilita una experiencia estética de carácter cotidiano.